lunes 15 de octubre de 2007

Listo

Después de un largo período de inactividad, creo que ya es hora de retomar este proyecto. He estado bastante ocupado todo este tiempo; especialmente este último mes, en el que he estado desconectado del mundo en general. Sin embargo, creo que ahora me encuentro con energías renovadas para dedicarle unos ratitos de vez en cuando a este blog y seguir compartiendo mi visión sobre el veganismo y alguna que otra receta.

Por si alguno tiene curiosidad, os diré que este último mes he estado semirrecluido haciendo un curso de formación de profesor de yoga. Ha sido una experiencia muy enriquecedora que me ha aportado mucho a nivel personal. Durante estos días, todos hemos disfrutado de almuerzo vegano preparado según las pautas yóguicas. Traducido al castellano: pocas especias, nada de sal, todo hervido. No puedo decir que no fuera un menú sano, porque las verduras y las legumbres no faltaba. Sin embargo, eché de menos un poco de "gracia" en las comidas. Afortunadamente, la mayoría de mis compañeros eran vegetarianos (y unos pocos, veganos) y coincidían conmigo en que el vegetarianismo en cualquiera de sus grados nunca ha estado reñido con el buen sabor y la preparación cuidadosa.

Como colofón, aquí os dejo una frase para la posteridad: <<¿Eres vegano? Pues pareces tan saludable...>> Dicho por una compañera de curso después de mi "confesión". ¡Cuántos prejuicios!

jueves 8 de marzo de 2007

¡Estoy vivo!

Por si acaso alguno se lo preguntaba (que me consta, je je je).

Reconozco que tengo esto muy abandonado, pero es que llevo una temporadita bastante ajetreada. Para empezar, he tenido exámenes; tras ellos han venido los Carnavales (que, polémicas "amargas" aparte, han estado genial) y, entremedio, he empezado a trabajar un par de tardes a la semana en algo que me gusta mucho. Ha sido todo muy rápido y aún estoy como en una nube, pero prometo retomar esto en breve.

Saludos a tod@s.

sábado 20 de enero de 2007

Filosofando

Admito que hay ciertas conductas que no nos hacen "atractivos" como grupo, y que sirven de argumento fácil para aquellos que se empeñan en rechazar nuestra forma de vida: el mirar constantemente las etiquetas; el hacer mil preguntas antes de pedir un plato; el no comer lo que los demás consideran normal... Sin embargo, casi todas estas cuestiones son consecuencia de nuestro carácter minoritario. Poco a poco, nuestra filosofía se ha ido abriendo paso hasta llegar a tener un huequecito en el mercado y en la sociedad en general. Y estoy seguro de que vendrán tiempos aún mejores. Pero, mientras los omnívoros sigan siendo mayoría, la sociedad seguirá ofreciéndoles a ellos el mayor número de comodidades y nos hará las cosas difíciles a los que no pensamos como el resto.

Habrá quien piense que soy un hipócrita por esto que voy a escribir, después de haber reconocido que no soy el vegano perfecto ni mucho menos, pero la verdad es que estoy convencido de que la única manera de que sigamos creciendo como colectivo es que nos mantengamos fieles a esos ideales que nos hacen diferentes. La raíz del veganismo es una sola: un no proactivo a la explotación animal. Cualquier concesión la desvirtúa. Por tanto, no me siento orgulloso en absoluto cuando admito que ocasionalmente me alejo del buen camino, porque sé que es un sinsentido hacer propaganda del veganismo elogiando la flexibilidad al mismo tiempo. Ahora bien, tampoco me avergüenzo de ello porque, en realidad, sigo aspirando a mejorar y siempre procuro tener más cuidado la siguiente vez. No es que sólo cuente la intención (son mucho más importantes los hechos) pero, desde luego, creo que contribuyen bastante. No creo que esto me haga menos vegano, aunque puedo entender que haya quien sí lo piense.

Espero que quede claro que no estoy defendiendo la anarquía y que cada uno haga del veganismo lo que más cómodo le parezca (un poco de pluralidad está bien, ¡pero eso sería demasiado!). Lo que yo defiendo es que cada uno hace lo que buenamente puede, sin dejar de aspirar nunca a materializar nuestro ideal en todos los niveles. Por tanto, ninguno de los esfuerzos debe ser menospreciado.

viernes 12 de enero de 2007

Unas cuantas puntualizaciones

Me alegra que el último artículo haya originado cierto debate, porque es muestra de que esto no es ninguna secta. Como en todos los movimientos que no se rigen por un único y estricto dogma, siempre habrá gente más purista y gente más flexible (¡con todos mis respetos para ambos grupos!). Es difícil establecer unos límites o unos mínimos cuando se trata algo que depende tanto de los medios y de las circunstancias cada uno (disponibilidad de ciertos alimentos o ingredientes, alternativas vegetales...). Habrá quien piense que esto empobrece nuestra imagen, pero yo estoy convencido de que no es así. Esta pluralidad nos enriquece como grupo, aunque esto no implica que debamos "bajar la guardia" ni dejar de ser fieles a la máxima de llevar por delante un no rotundo a la explotación animal.

Lo que intentaba reflejar con el artículo anterior es que no debemos sentirnos culpables por errores o descuidos de los que no seamos conscientes. Estos sentimientos negativos no llevan a ningún lado. Es más importante tener claro que la explotación animal y la crueldad que conlleva son algo de lo que podemos prescindir. Y cuando digo que hay cosas (muy pocas) con las que soy algo más flexible, espero que quede claro que es por cuestiones prácticas y no porque "ese día no me apetezca" o porque "no lo considero explotación". No es fácil ser vegano cuando la mayoría de la gente ni siquiera sabe lo que es el veganismo, cuáles son sus raíces y sus razones. Esto complica un poco nuestro día a día porque casi todos dependemos de gente completamente ajena a nuestro movimiento. A mí no me afecta en absoluto ser un incomprendido (ya me he acostumbrado a las miradas raras, Sofía) y con la comida no hago concesiones, soy fiel a mis principios. Esto es, por suerte, algo relativamente fácil (salvo, como dije, si se come fuera de casa, donde creen que sólo nos alimentamos de ensaladas). Sin embargo, a más de uno se nos ha escapado algún ingrediente o algún componente de origen animal, lo cual demuestra la necesidad de un cambio en nuestra sociedad, pero no es de ninguna manera un motivo para sentirnos "menos veganos" (¡siempre y cuando no tropecemos más tarde con la misma piedra, claro!).

Me gustaría aprovechar la ocasión para puntualizar una cosa a Carlos y a Jesús. Yo nunca "tiraría" de un huevo para alimentarme. Obviamente, yo también pasé en su día por una etapa de transición en la que consumía lácteos y huevos, pero a medida que fui "educándome", me di cuenta de lo sencillo que es dejarlos y de lo claros que son los argumentos en contra de su consumo (colesterol, condiciones en que malviven las gallinas en las granjas...). Quizás no pueda presumir de ser el vegano ideal (y, de todos modos, ¿quién necesita uno?) pero creo que renunciar a los huevos es un paso que todo vegano debe dar.

Por último, os dejo unas líneas que para mí son fundamentales y que tengo siempre en mente. Se trata de la definición de veganismo tal y como la concibe la Sociedad Vegana británica:

Una filosofía y una forma de vida que persigue excluir - en la medida de lo posible y práctico - toda forma de explotación de, y crueldad hacia, animales para comida, ropa y cualquier otro fin; y por extensión, promueve el desarrollo y el uso de alternativas libres de animales para el beneficio de los humanos, los animales y el medio ambiente. [En términos dietéticos la sociedad define el veganismo como] La práctica de prescindir de todos los productos derivados completa o parcialmente de animales.
Gracias a todos por compartir aquí vuestra opinión.

domingo 31 de diciembre de 2006

¿Hasta dónde llegar?

Para cerrar el año, me gustaría hacer una pequeña reflexión. Estos días he leído algunos artículos en diversos blogs en inglés en los que se hacía un pequeño debate sobre los límites a la hora de ser vegano. En concreto, una entrada reciente en el blog Vegan Freaks que habla sobre Peter Singer ha originado cierta polémica al plantear la cuestión de hasta qué punto es razonable ser inflexible en ciertas situaciones cotidianas (pero no por ello menos trascendentales).

Hoy en día, por fortuna, resulta muy sencillo comer vegano en casa. Ya no supone una odisea encontrar alternativas a los productos animales porque se pueden encontrar ya en muchos supermercados y herbolarios. Sin embargo, cuando se trata de comer fuera, el asunto ya no es tan sencillo. Si bien muchos restaurantes ofrecen platos ovo-lacteo-vegetarianos, en la mayoría de establecimientos no han oído hablar nunca del veganismo, y lo más que nos pueden ofrecer son aburridas ensaladas. Y es que las cremas de verduras a menudo se hacen con nata, casi todos los postres llevan huevo y para los italianos la vida no es vida sin el queso y la mantequilla.

Lo que intento decir es que hay veces que no queda más remedio ser realista y ceder un poco. Por supuesto, no estoy defendiendo que abandonemos nuestros ideales a la primera de cambio, sino que a veces no se le pueden pedir peras al olmo. Siempre he sido partidario del camino intermedio, porque pienso que entre el blanco y el negro hay una gama ilimitada de grises (aunque reconozco que no siempre lo llevo a la práctica). Creo que lo fundamental es que sigamos luchando por lo que creemos, defendiendo nuestra máxima de que es posible vivir sin considerar a los animales como seres inferiores que están aquí para "servirnos" (o para que nos sirvamos de ellos). Pero tampoco podemos olvidarnos de que una respuesta diplomática, un gesto amistoso, siempre resultará más fácil de digerir para los demás que una negativa airada.

Pongamos por ejemplo que vamos a una fiesta en casa de unos amigos de unos amigos que no saben que somos veganos (nuestros amigos deberían saberlo ya, ¿no?) y que olvidamos recordarles que no comemos productos animales. Lo más lógico es que, si nos explicamos con educación y de manera simple, el anfitrión lo entenderá e incluso verá en prepararnos algo para comer un reto interesante. Por otra parte, si nos negamos en rotundo y con malas palabras, estaremos haciendo un feo a la otra persona y quizás alimentarás el mito de que los veganos somos extremistas y sectarios.

No hay nada que me guste menos en esta vida que los dogmas y, afortunadamente, no hay necesidad de redactar unos mandamientos en lo que al veganismo se refiere. En última instancia, la decisión de hacerse vegano es algo muy personal y el ámbito y los límites se los pone cada uno. Como muchas cosas en la vida, esto es un camino, y cada uno nos encontramos en una etapa diferente. Antes de ser veganos muchos hemos sido vegetarianos y, por tanto, tardamos un tiempo en renunciar al huevo y a los lácteos. Algunos renuncian radicalmente a tejidos como la lana y la seda y a productos hechos con cuero. Yo jamás en la vida sería capaz de comprarme una chaqueta de piel o regalar un abrigo de visón. Pero, por otro lado, me permito cierta flexibilidad si unos zapatos tienen piel en alguna de sus partes. Si tuviera la oportunidad de escoger unos que sean 100% sintéticos, me decantaría por ellos, obviamente. Pero si no se da el caso, tampoco me voy a autoflagelar porque no creo que con ese gesto queden anulados todos los esfuerzos que hago en otros ámbitos como la cocina o la cosmética. Cada paso y cada gesto tienen su importancia.

¿Hasta dónde llegáis vosotros?

miércoles 27 de diciembre de 2006

Menú de Nochebuena (con retraso)

Mi cena de nochebuena consistió en:

- Spanakopitas (una especie de empanadillas rellenas de espinacas; la receta es de "Vegan with a Vengeance").
- "Pavo" asado con salsa de frutas al curry (la salsa es una variación del seitán al curry de "Manual de supervivencia para veganos novatos").
- Galletas con chips de chocolate (también de "Vegan with a Vengeance") y bizcocho relleno de fruta confitada (utilizando la receta de los donuts pero horneando durante más tiempo).

Terminé de cocinarlo todo cerca de las 11 de la noche, porque tuve que compartir la cocina con mi padre, que estaba cocinando la cena para los demás (marisco, solomillo... ¡puaj!). Aunque todo lo que cociné era comestible (¡sólo faltaba que no lo fuera!), prácticamente nada me salió como esperaba. Los spanakopitas me quedaron un poco sosos, el "pavo" tenía un sabor raro, las galletas con chips de chocolate me parecieron duras y demasiado dulces y el bizcoho salió ligeramente más denso de lo que esperaba. Sólo la salsa de curry me quedó deliciosa.

A ver si en Nochevieja tengo mejor suerte.

lunes 18 de diciembre de 2006

¿Donuts?

A ver, me explico. Esta es la versión vegana de una receta de donuts que me vino hace poco con unos moldes que compré. Desconozco el resultado de la receta original porque lleva huevo, leche y mantequilla, pero os puedo decir que, por muy rico que esté este dulce, no se parece demasiado a un donut de verdad (de ahí el interrogante en el título). Yo seguiré refinando la receta hasta que logre que se parezca más al original, pero pienso que la masa es lo suficientemente buena y fácil de hacer como para que conozcáis la receta. Ahí va.

Tiempo total de preparación: 40 minutos aproximadamente.

Tiempo total de cocción: 30 minutos (si cocemos la masa de 3 veces, 10 minutos cada una).

Raciones: Salen unos 18 donuts o berlinas.

Ingredientes:
2 tazas de harina de trigo integral, tamizada
1 sobre y medio de levadura (unas 2 ó 3 cucharadas soperas)
1 pizca de sal
1 cucharada sopera colmada de margarina vegetal ablandada (no derretida del todo) y un poco más para el molde
1 taza de azúcar moreno
1 taza de leche de soja
2 cucharadas soperas de harina de soja diluidas en 4 ó 5 cucharadas soperas de agua
1 cucharada de postre de canela o de extracto de vainilla
la ralladura de un limón pequeño

Elaboración:

1) Precalentamos el horno a 200ºC y untamos los moldes con margarina.

2) En un bol grande, colocamos la harina tamizada, la sal, la canela (si la usamos) y la levadura y lo mezclamos todo bien con un tenedor.

3) En otro bol, de tamaño mediano, mezclamos el resto de los ingredientes (el extracto de vainilla también, si lo usamos) hasta que quede homogéneo.

4) Vertimos poco a poco la masa líquida en el bol grande de la masa seca y removemos bien con una espátula hasta que no queden grumos.

5) Pasamos la masa con un cucharón a los moldes. La masa va a subir bastante, así que lo mejor es llenar cada uno de los recipientes para donuts o berlinas sólo hasta la mitad.

6) Horneamos 10 minutos.

Nota: hay que esperar a que estén a temperatura ambiente para decorarlos y para desmoldarlos. Podemos decorarlos con una mezcla de azúcar glas y un poco de agua, o con chocolate fundido mezclado con un poco de leche... También se pueden rellenar con una jeringa, introduciendo el relleno con por un lado o por la base. O se pueden comer tal cual, que están muy ricos. Probablemente se pueden hacer magdalenas o incluso un bizcocho con esta masa, pero el tiempo de cocción será mayor. Personalmente, no he hecho la prueba aún, pero es casi seguro que lo haga estos días (¡con fruta confitada dentro!).

jueves 14 de diciembre de 2006

Leyendo y perfeccionando

Hace un par de semanas escribí sobre unos libros que estaba esperando. Coincidiendo con mi cumpleaños, recibí el paquete el lunes y, desde entonces, aprovecho cualquier rato para echarles un ojo. Afortunadamente, son tan buenos como parecían y ya tengo en mente probar varias de las recetas. Además, el libro sobre nutrición está de lo más interesante, escrito de manera clara pero con el suficiente respaldo científico como para que resulte fiable. ¡Es una pena que no esté traducido al castellano, porque debería ser de lectura obligada para nutricionistas!

En cuanto a la cocina, estos días estoy perfeccionando una receta para hacer donuts. Todo empezó el martes pasado cuando, de casualidad, encontré unos moldes en una tienda. Con estos moldes venían unas cuantas recetas para donuts que, aunque no eran veganas, sí que se pueden transformar fácilmente. Anoche probé una de las recetas y, aunque salieron bastante bien, no se parecen demasiado a los donuts en sabor (en aspecto ya me esperaba que fueran distintos porque yo siempre uso harina integral). El caso es que no seguí la receta al pie de la letra porque algunos de los ingredientes no los tenía en la despensa y, claro, estaban muy buenos pero se parecían más a unas magdalenas que a los donuts que todos conocemos. Espero volver a intentar hacerlos este fin de semana, aunque también tengo pendiente lo de las tortitas. Sea lo que sea, esta semana habrá receta nueva.

lunes 11 de diciembre de 2006

El abrigo de la discordia

Por mucho que admire a Madonna y su inagotable capacidad para reinventarse a sí misma, no paso por alto incidentes como el que recogen hoy muchos periódicos digitales (yo lo he leído aquí). Son cosas que nunca llegaré a entender. ¿Cómo puede hablar del hambre en Malawi y lucir un abrigo de 52000 euros? ¿Cómo puede alguien con tanta "compasión" vestirse con las pieles de 40 animales? Creo que aquí ha metido la pata hasta el fondo, y no me extraña que muchos grupos ecologistas hayan puesto el grito en el cielo.

Yo hace poco me encapriché de unos botines la mar de chulos. Cada vez que pasaba por la tienda, volvía a mirarlos y remirarlos. Me los probé más de una vez (y más de dos y de tres también) pero, por alguna razón, nunca me decidí a comprármelos. Hasta que un día se me encendió la bombilla y me di cuenta de que ¡estaba pensando en comprar algo de piel! Menos mal que me acordé de este detalle antes de hacer la compra, porque habrían acabado en el fondo del armario en cuanto se me hubiese ocurrido pensar en ello.

Hoy en día no uso pácticamente nada de piel ni de lana, salvo alguna bufanda, dos cinturones y unos pocos pares de zapatos. Ninguna de esas cosas las he comprado yo y las seguiré usando mientras estén nuevos; cuando estén viejos, los reemplazaré por prendas sintéticas. Si aún no os lo habéis planteado, echadle un vistazo a "Earthlings" y enseguida os olvidaréis del cuero para siempre.

viernes 8 de diciembre de 2006

Mmm... ¡galletas de canela!

Para satisfacer un antojo que traíamos desde hace días, mi novia y yo acabamos de hacer galletas de canela. Y ya que estamos en pleno diciembre (y porque nosotros lo valemos) les hemos dado forma de estrellas, abetos, angelitos y demás cursilerías propias de esta época. Según mi novia están buenísimas y tienen un punto adictivo - aunque aún quemen en la lengua.

En realidad, la receta no es original mía, sino que se trata de una variación de las galletas de vainilla que podéis encontrar en el Recetario Vegano. En lugar de la vainilla, hemos usado una cucharada de postre de canela molida, pero el resto de instrucciones las hemos seguido prácticamente al pie de la letra (salvo porque tuve que añadir un poco de aceite de oliva, porque no tenía suficiente margarina). Desde aquí os animo a que os descarguéis esta magnífica colección de recetas. ¡No tiene desperdicio!